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Memorias de una "colonial" en Guinea Ecuatorial

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  • Memorias de una "colonial" en Guinea Ecuatorial

    En las semanas finales de 2007 y en las primeras de 2008, Erika Reuss Galindo, traductora española (con ascendencia alemana) que vivió en Guinea Ecuatorial entre 1965 y 1971, respondió, por escrito, a este cuestionario elaborado por José Manuel Pedrosa.


    Usted vivió en Guinea Ecuatorial una etapa muy importante de su vida. ¿Puede explicar por qué y en qué circunstancias llegó y vivió allí, y por cuánto tiempo, y dónde estuvo?


    Llegué a Guinea Ecuatorial en 1965, recién casada; acababa de cumplir veinte años. Mi marido y yo éramos amigos desde muy pequeños. Él se marchó a Guinea a los diecisiete años con la empresa en la que trabajaba en Madrid, Muñoz y Gala. Yo tenía doce años cuando él se fue, y estuvimos siete años escribiéndonos. Nos hicimos novios por carta, me envió el anillo de pedida por medio de un amigo, y decidimos casarnos. Así es que, por primera vez en esos siete años, cogió los seis meses de vacaciones que le correspondían cada dos años de “campaña” (se llamaba así), vino a Madrid, y a los tres meses nos casamos. Estuvimos los tres meses restantes de viaje de novios. Yo tenía muchas ganas de conocer Guinea, ya que siempre he sido muy viajera; me atraen especialmente los países que aquí se consideran exóticos y, en especial, desde que viví en Guinea, África. Estuvimos allí hasta 1971. Yo volví a Madrid una sola vez, por dos meses, embarazada de mi segundo hijo (una niña que nació en Bata), para que mi madre conociera al primero, un chico, que había nacido en Santa Isabel (actual Malabo) en 1966.


    ¿Cómo era el mundo que se encontró allí? El de los colonos. Y el de los nativos


    El primer mes de estancia en Guinea, recién llegada, fue un desastre. El calor, el tener que hacerme cargo, tan joven y sin experiencia, de una casa, los bichos (especialmente las cucarachas y los mosquitos), el no ser capaz de distinguir a un negro de otro (no sabía si el boy que venía era el mismo del día anterior o si habían venido siete distintos durante la semana), en fin, el encontrarme en un mundo totalmente desconocido y tan diferente del habitual, hicieron que me pasase ese primer mes llorando como una Magdalena. Había mucha gente, hombres y mujeres, que no superaba este trauma.

    Después me adapté al país, comencé a tener amigos, y me sumí en la rutina en que se vivía allí, aunque nunca fui de las totalmente rutinarias. De hecho, era de las pocas mujeres a las que le interesaba tanto la cultura colonial como la nativa, el país, sus maravillosos paisajes y playas, etc., etc.

    Sé que estaba considerada entre las demás mujeres como “bastante rara”, porque no me reunía con las demás a jugar a las cartas, a coser, a hacer punto o ganchillo o a cotillear. Hay que tener en cuenta que la Santa Isabel de entonces era como una minúscula capital de provincia española, con todas sus virtudes y, sobre todo, con todos sus defectos. El cotilleo era uno de los pocos entretenimientos que tenían todos, hombres y mujeres. Y a mí me importaba un pimiento lo que hiciesen los demás, con lo que me perdía una parte importantísima de la vida social. Prefería irme a coger plantas, a cazar mariposas, a bucear, y a la finca de cacao que tenía Muñoz y Gala en Concepción.

    Realmente, con los nativos se tenía poco trato. Los boys, cocineros, lavanderos, en fin, los criados, eran casi todos nigerianos. No obstante, a mí, como ya he dicho, me interesaba la cultura nativa, y aprendí a conocerla a través de los libros que iba, poco a poco, adquiriendo allí. Y, sobre todo, con la amistad que hice con el conservador del Museo Claretiano de Santa Isabel, el Hermano Perramón, a quien iba a visitar con mucha frecuencia

    ¿Conoció usted, durante su estancia, a etnógrafos o antropólogos que hiciesen trabajo de campo en Guinea? ¿Cuál era su modo de trabajar, según lo observó usted?

    Después de hacer amistad con una señora de allí, María Antonia Montenegro, que sigue siendo mi mejor amiga, y que, como yo, era muy aficionada a la arqueología, conocí al Hermano Ramón Perramón. También al Padre Amador del Molino, y a un biólogo del que no recuerdo el nombre. El Hermano Perramón, el Padre Amador y otros Padres de la Misión Claretiana, que eran los que se preocupaban de investigar la historia (y la prehistoria) de Guinea, nos iniciaron a mi amiga Toni y a mí en la cultura guineana.

    Los métodos de trabajo, según mis escasos conocimientos, eran muy elementales, ya que las dificultades de conseguir fondos y medios adecuados, así como la propia climatología del país, los dificultaban bastante. Pero, aún así, creo que se hizo todo lo posible para salvaguardar una parte importantísima de la cultura guineana. No sólo en el aspecto arqueológico, sino en el botánico y en el de la cultura en general.


    ¿Los colonos tenían algún tipo de costumbre, de ritual, de tradición, que a usted le pareciese original? ¿Participaban de algún modo en las costumbres y rituales de los nativos, o simplemente los observaban desde fuera?

    Se bebía muchísimo whisky. Todos decían que era para eliminar toxinas y mantenerse sano. Creo que, en parte, era por puro aburrimiento. Las fiestas, Navidad, Fin de Año y demás, se celebraban de gran gala, y, en cuanto había motivo, había baile en el Casino de Santa Isabel (y en el Club de Tenis de Bata). La verdad, en cuanto podíamos, lo pasábamos muy bien.
    También me llamó la atención, cuando yo llegué, que todavía había finqueros (y sus mujeres) que usaban salacot, y que sólo bajaban a Santa Isabel cuando necesitaban algo urgente para las fincas. Se les reconocía a siete kilómetros, por el salacot y por la pinta de brutos que tenían. Y que me perdonen lo de brutos, ya que, en general, eran muy buenas personas, pero vivían en un ambiente muy duro y totalmente desconectados del resto del mundo.
    Que yo sepa, no se participaba en las costumbres y rituales de los nativos; nos limitábamos a observarlos desde fuera, especialmente los baleles que se celebraban en las fiestas. A mí me atraían mucho, y también los ñangües, así como el mercado y la forma de vestir, con unos colores tan espléndidos, de las mujeres. Esto en Santa Isabel. Como viví también en Bata, que me gustaba mucho más, pues era “más África”, allí sí se participaba algo más, pero realmente no demasiado.
    Los baleles son los bailes típicos de Guinea Ecuatorial. A los ñangües, que creo son importados del Gabón o del Camerún, los misioneros los llamaban “los mamarrachos”. Se trataba (y se trata, porque siguen existiendo), de un bailarín vestido con un traje muy complicado, que se compone de una especie de túnica que cubre de la cabeza a los pies, llena de abalorios y, en especial, espejitos, cintas, cascabeles, etc., y de una máscara, también de tela y fibra, con muchos más colgantes.

    ¿Los nativos tenían algún tipo de costumbre, de ritual, de tradición, que a usted le llamase especialmente la atención? ¿Asistió usted personalmente a algunos de ellos?

    Los duelos por la muerte de alguien eran tremendos. A nuestro cocinero, una magnífica persona, le “hicieron medicina”, es decir, le envenenaron, posiblemente por envidia, y murió. Los gritos de duelo, verdaderos aullidos desgarradores, duraron tres días. Como se celebraba el duelo en el patio, donde tenían su vivienda algunos empleados nativos, en nuestra casa, que estaba encima del patio, se oían día y noche, y ponían los pelos de punta. Yo quise bajar a dar el pésame, pero parece ser que “no estaba bien visto”. La verdad es que entonces no estaba bien visto casi nada de lo que yo quería hacer, por eso no me pude involucrar más. No estaba bien visto entre los colonos.

    Insisto en que no nos llamábamos “colonos”, sino coloniales o colonialistas. Como ya he dicho, Santa Isabel era una minúscula capital de provincia española, y todo lo que se saliera de lo corriente y rutinario era considerado “raro” y no estaba bien. Supongo que lo mismo pasaba en cualquier otra ciudad pequeña de provincias. La verdad es que, en ese aspecto, y quizá por mi educación medio alemana, yo estaba más adelantada, culturalmente hablando, que la mayoría de los residentes españoles. Por eso era considerada como “bastante rara”.

    ¿Le parecían distintos los ritos nativos de las ciudades (Malabo, Bata) y de los poblados del interior?

    Sí. Como ya he dicho antes, Bata era “más África”; Santa Isabel era más española, más europea. Los poblados del interior, especialmente los del continente, me interesaban y gustaban mucho, pero “no estaba bien visto” el interesarse demasiado. Quizá si yo hubiese tenido más años, y por lo tanto, más independencia para defender mis ideas y gustos, hubiera sido capaz de vencer esa resistencia colonial a interesarse por la cultura nativa
    Algo que me impresionó bastante, en el continente, fue un viaje que hicimos hasta Sevilla de Niefang (actual Niefang, a secas). En un poblado en el que paramos, en lugar de la habitual algarabía de gente que salía a saludarnos, nos recibió un silencio sepulcral, y no vimos ni un alma. Al parecer, todo el poblado estaba en la cárcel, por haber celebrado una ceremonia del mbueti. Esta secta, que creo fue importada del Camerún, practicaba (y practica) la necrofagia; es decir, en aquel caso concreto, se habían comido a su “obispo” no sé si entero o si partes de él, que había fallecido recientemente, para así adquirir sus cualidades. Por supuesto, entonces estas prácticas estaban totalmente prohibidas. Actualmente hay muchas opiniones sobre el mbueti; unos dicen que no son antropófagos (o necrófagos), otros, que sí. Yo, lo que único que sé es lo que vi. Y que no nos pareció nada raro.

    ¿Circulaban "leyendas" entre los colonos, acerca del mundo que les rodeaba? ¿Había colonos que creían en la magia de los nativos, que sintiesen miedo o aprensión ante sus ritos?

    Creo que sí. Yo no creo en “magias”, siempre he pensado que las supersticiones son una tontería, y, por lo tanto, nunca me han afectado, pero, dependiendo de la cultura de las personas, sean del país o del color que sean, es indiscutible que existen y afectan a mucha gente. Y la cultura, salvo honrosas excepciones, de la mayoría de los colonos de Guinea no era, precisamente, muy elevada.

    ¿Se casaban en Guinea Ecuatorial los colonos, o se venían a España a casar?

    De todo había. Unos se casaban allí, ya que allí vivían los dos. Otros se casaban por poderes, generalmente porque el novio estaba en Guinea y la novia en España, y otros volvían a España para casarse, aprovechando los seis meses de vacaciones. Yo me casé en España, después de haberme “prometido” por carta con mi futuro marido, al que no veía desde hacía siete años.

    ¿Parían allí las “coloniales”?

    A ver si eres más fino. Las coloniales “dábamos a luz” o teníamos un niño, no paríamos. En general, la mayoría se venía a España, pero algunas preferíamos tener a nuestros hijos allí, ya que la sanidad era excelente. Yo tuve a mis dos hijos allí: uno nació en Santa Isabel y la niña, en Bata, sin ningún problema. Y si hubiese tenido un tercero, me hubiera ido a Annobón, para tener uno en cada zona de Guinea.

    ¿Cómo se combatían las enfermedades de allí? ¿Con medicina occidental? ¿Con alguna medicina nativa?​​​​​​​

    En las enfermedades normales, así como en caso de paludismo, que era aquí como un constipado, es decir, que no le hacíamos mucho caso, por supuesto que con las medicinas occidentales. Sin embargo, en caso de coger alguna nigua, que es un bicho que se te metía entre las uñas de los pies y ponía allí sus huevos, dando lugar a infecciones que podían ser bastante graves, era mejor recurrir a la experiencia de los nativos. Mi hijo, con dos años, cogió una, y no se me ocurrió llevarle al médico europeo. Se la quitó la “tata”, que era ndowé, con un palito afilado de bambú. El problema de las niguas es que hay que sacar la bolsa de los huevos entera, sin rasgarla, y eso lo sabían hacer los nativos mejor que los blancos. Para todo lo demás, lógicamente, utilizábamos la medicina europea, tanto blancos como negros. Guinea tenía, entonces, una de las mejores organizaciones sanitarias de todo África.

    ¿Había relaciones de los colonos españoles con franceses, con ingleses...?​​​​​​​
    Personalmente, ninguna. Algún residente de las casas originales establecidas allí quedaba aún, pero no recuerdo más que a alemanes, y, a pesar de haberlo intentado, el único que conocí era muy antipático, y no conseguí hablar más de dos veces con él. La verdad, no lo sé.


    ¿Los claretianos y otros sacerdotes y frailes hacían intentos para extirpar las supersticiones nativas, o las respetaban?

    En los primeros tiempos de la colonización, por lo que se lee en los libros, y como ha sucedido con todas las colonizaciones, sí intentaron extirparlas. Cuando yo fui, en 1965, la cultura nativa, incluyendo las supersticiones, ritos, religión, costumbres, etc., se respetaba y estudiaba bastante. Es gracias a los propios misioneros el que se haya conservado gran parte de esa cultura, aunque se haya perdido, como en todas partes, mucho de ella.

    ¿Había personas nativas que, a fuerza de estudio, etc., llegaron a promocionarse socialmente?​​​​​​​

    Sí. Hay muchos abogados, médicos, etc. España daba bastantes becas para estudios superiores y, además, la escolarización era obligatoria. También había una Escuela de Capacitación (no me acuerdo exactamente del nombre) de los misioneros, donde se formaban carpinteros, mecánicos, sastres, etc

    ¿Asistió usted a bodas de nativos?​​​​​​​

    No. Aunque sí invitaban a los europeos con los que tenían más contacto. Pero las bodas eran, en principio, católicas, por lo que no había ninguna diferencia con las de los españoles, salvo en el banquete posterior, que era más largo y pesado.

    ¿Qué opinión se tenía de los nigerianos, de los cameruneses, etc.?​​​​​​​

    Ninguna en especial; estaban allí, generalmente, como braceros en las fincas. Los nigerianos eran buenos (o malos) trabajadores y nada más. Algunos, que ya llevaban varios años viviendo allí, solían emplearse como criados, y eran magníficos. Los cameruneses se dedicaban, y todavía lo hacen, a vender objetos típicos africanos: marfil, esculturas de ébano y otras maderas, collares, etc. Entonces iban por las casas ofreciéndolos, y eran muy agradables ¡y unos buenos comerciantes! En realidad, de todo había, como lo hay entre nosotros.

    ¿Escuchaba usted hablar en pidgin?​​​​​​​

    Escuchaba, y lo entendía perfectamente. Pero lo hablaba muy poco, porque no quería que me estropease mi buen inglés de entonces. El ”pichin” se sigue hablando en la isla y, curiosamente, lo entiendo y hablo ahora mejor que entonces. Quizá porque hablo inglés peor, más “estilo indio”, por falta de práctica

    ¿Cómo fue la salida de usted y de los españoles del país? ¿En qué circunstancias?

    Fue un auténtico desastre. Nosotros estábamos en Bata, donde se produjo el “golpe de estado” de Atanasio Ndongo, el 5 de marzo de 1969. Ndongo murió. Pongo “golpe de estado” entre comillas, ya que es un asunto que no ha quedado nunca claro, y del que he oído mil versiones distintas, a cual mas descabellada. El caso es que la gran mayoría de los residentes allí tuvo que salir, literalmente, con lo puesto, dejando atrás fincas, trabajo, pertenencias personales, etc.; en fin, media vida. Yo salí un mes más tarde, en avión, con mis dos hijos, pero mi marido se tuvo que quedar, ya que el presidente Macías no autorizó la salida de los empresarios o gerentes que quedaron allí, y que se podían contar con los dedos de una mano.

    ¿Se contaban “historias orales” sobre el dictador Macías y sobre sus supuestos poderes mágicos?

    Creo que estas historias comenzaron más tarde, cuando afloró la verdadera personalidad de Macías. La gente estaba aterrorizada, con razón, y a algo tenían que achacarle todos sus males. Lógicamente, siendo un país donde las creencias mágicas estaban en pleno vigor, nada más sencillo que echarle la culpa a los supuestos “poderes” del presidente.

    ¿En qué épocas regresó usted a Guinea? ¿La encontró muy cambiada?​​​​​​​

    He vuelto tres veces, dos en el año 2001 y una en 2002, las tres en colaboración con la Universidad de Alcalá. Una de ellas, creo que fue la segunda, invitada por el entonces Rector Magnífico de la Universidad de Guinea Ecuatorial, Don Federico Edjó, con quien me une una sincera amistad, así como con su familia. La verdad es que la primera vez que fui, después de tantos años, se me cayó el alma a los pies. Todo estaba hecho polvo, había suciedad por todas partes y no funcionaba ni la Sanidad, ni la recogida de basuras, ni los más elementales servicios: alcantarillado, agua potable, etc. Luego pensé que nosotros habíamos dejado un país totalmente en funcionamiento, con un nivel altísimo de sanidad, de escolarización, de servicios públicos, etc., y que si estaba así… En fin, es un país independiente (aunque en nuestro corazón siempre nos siga pareciendo que es parte nuestra) y los responsables son sus dirigentes. No obstante, a pesar de esta primera impresión, he de decir que me adapté rápidamente; esto debido a que la acogida de la gente, tanto de los guineanos como de los pocos europeos a los que conocí, es inmejorable y te hace sentirte (o al menos así lo sentí yo), como si estuviese de nuevo en casa. Por eso volví dos veces más, y volveré en cuanto pueda.





  • #2
    Por lo visto más de una vez alguien ha preguntado en Guinea Ecuatorial que cuando se acababa lo de la independencia.

    La ONU, Club de Vencedores de la II Guerra Mundial nos la jugó bien jugada.

    Si España hubiera resistido no me cabe duda que nos montan una Revolución de los Claveles como le pasó a Portugal

    Guerras portuguesas en África, traición globalista
    Última edición por Guerrilla Jr.; 08-01-2018, 17:14.

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    • #3
      Originalmente escrito por Guerrilla Jr. Ver mensaje
      Por lo visto más de una vez alguien ha preguntado en Guinea Ecuatorial que cuando se acababa lo de la independencia.

      La ONU, Club de Vencedores de la II Guerra Mundial nos la jugó bien jugada.

      Si España hubiera resistido no me cabe duda que nos montan una Revolución de los Claveles como le pasó a Portugal
      Guerras portuguesas en África, traición globalista
      Es lo que ocurrió durante la marcha verde en el Sahara Occidental orquestada ademas de por el rey de marruecos por Kissinger e incluso Juan Carlos I. España se apunto tarde al reparto de africa pero sin embargo consiguió zonas muy ricas en recursos no cabe duda de que si jamas se hubiesen separado estaríamos mucho mejor

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      • #4
        Originalmente escrito por leganducht Ver mensaje

        Es lo que ocurrió durante la marcha verde en el Sahara Occidental orquestada ademas de por el rey de marruecos por Kissinger e incluso Juan Carlos I. España se apunto tarde al reparto de africa pero sin embargo consiguió zonas muy ricas en recursos no cabe duda de que si jamas se hubiesen separado estaríamos mucho mejor
        España tenía unos territorios muy decentes y además muy diversos y por supuesto estrategicamente ubicados de puta madre y con recursos descomunales. Una España gestionando los fosfatos del Sahara y el petróleo guineano, desarrollando esas zonas turisticamente, aprovechando por supuesto el banco pesquero del lugar, montando industria, etc...Madre mía lo que se perdió ahí.

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